martes, 8 de noviembre de 2011

Y YA LO VE, Y YA LO VE, SOMOS CAMPEONES OTRA VEZ" POR RICARDO ARAYA MALDONADO

www.antofagastina.cl
RUGIDOS PUMAS



No. No quiero hablarles del partido, sólo quiero seguir gritando ¡Campeones! Una vez más… cien veces más…todo el día…toda la noche…Déjenme festejar, cantar, reír, llorar…volver a cantar…¡Y ya lo ve, y ya lo ve, somos campeones otra vez, como hace mil años, en el mítico “quillotano”…ese “quillotano” de Juan Pelayo Ayala, Juan Páez, Lucio González, del negro Bravo, del maestro Saavedra…también frente al mismo San Luis…este equipito que se jugó la vida en cada balón, como si alguien le hubiese ofrecido algún jugoso cheque…la otrora parsimoniosa oncena, que no atemorizaba a nadie durante el campeonato, que ahora tuvo descompuesto a mi CDA amado y lo hace ver mal…errático, sin chispa, naufragando en intentonas vanas, durante largos minutos y presos del nerviosismo y la tensión…no; no quiero hablar del partido…sólo quiero recordar cómo grité con toda el alma esos dos goles tan parecidos, mientras estaba ahí el balón, entre que entraba y no entraba, traspasando la línea de gol, para sacar ese grito tantas veces reprimido…¡Campeones!...de comienzo a fin y por partida doble en la misma temporada. Un título de verdad, imponente, majestuoso, con la reluciente Copa a la vista de quienes llevamos los colores albicelestes desde siempre, en la sangre, en la piel, a ultranza e incondicionalmente, en un exacerbado fanatismo, que más que fanatismo constituye un estilo de vida…un modo de ser, de sentir, siempre en base a mi club adorado e incomprensible para los tibiecitos, para los afuerinos llorones, para los seguidores de equipos santiaguinos, los eternos campeones de mentira…no, no quiero hablar, ni me interesan esos equipitos y tampoco quiero comentar el partido, porque más que el fragor de las acciones, miraba incesantemente el reloj, como que no avanzaba, como que se había detenido…por allí para aliviar la tensión, me sumo a los festejos de la ola, ondeando siempre mi amada bandera puma…y sigo mirando el reloj y sigue sin avanzar…y vienen los oles, que nunca me han gustado, porque después de tres toques insulsos termina el balón en los pies del rival, generando acciones de peligro…ya basta de la ola…basta de oles…basta de todo…yo quiero que finalice el encuentro para desatar mi euforia, quiero gritar ¡Campeones! con mi voz destemplada, raída de tanto alentar a mi equipo, en su momentos de confusión, perdiendo por largos pasajes el balón y la prestancia del líder…mientras tanto, evado mi agónico nerviosismo gritando CDA…CDA…CDA…estentóreamente, al igual que todo el estadio, que se ve tan lindo con ese inusitado fervor y con los aparecidos de siempre, que gustan de los carros victoriosos…no ya no puedo más…no quiero más…no doy más…hasta que por fin el árbitro escucha mis suplicas cubiertas de insultos previos…alza sus brazos y toca el pitazo final…allí, sin remilgo alguno, me pongo a llorar –una vez más- por mi CDA amado…pero esta vez de felicidad…de dicha plena.

Ricardo Araya Maldonado
Periodista y escritor


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lunes, 24 de enero de 2011

“Pumas en el Estadio”

 LANZAMIENTO DEL LIBRO "PUMAS EN EL ESTADIO"
Por Ricardo Araya Maldonado



Más de 300 espectadores, atiborraron completamente el auditorium de la municipalidad antofagastina, para presenciar el lanzamiento del libro “Pumas en el Estadio”, escrito por Ricardo Araya Maldonado, -el Hincha más Hincha del CDA- periodista, escritor e historiador del club albiceleste.



El escenario del cómodo recinto, fue ornamentado con dos enormes lienzos; uno con franjas celeste y blanco y el otro con rojo y negro (colores de la camiseta oficial y alternativa del club) situando al centro una gigantesca bandera de Club Deportes Antofagasta, acompañada de la camiseta Nº 7, una reliquia del mítico Antofagasta Portuario de 1968, propiedad de Juan Páez, puntero derecho de aquel equipo. Además de las camisetas albiceleste y rojinegra actuales.


Globos enlazados con colores blanco y celeste, bordeando el escenario y otros de rojo y negro, situados atrás, dieron un aspecto de fiesta y alegría, a una ceremonia emotiva y llena de significado para los antofagastinos de todos los tiempos.


Jorge “coco” Torres, un experimentado relator deportivo, fue el maestro de ceremonia, destacando por una conducción sobria y muy entusiasta.


Mientras el público esperaba el inicio del evento, fueron desparramándose por el ambiente, una a una las 14 canciones relacionados con el club puma, brindando un entorno nada más apropiado para la ocasión.


Después de leer una reseña de los orígenes y alcances del proyecto que permitieron la publicación del libro y de una breve síntesis de los tres nombres que el CDA (Antofagasta Portuario, Regional Antofagasta y Deportes Antofagasta) ha llevado en sus 45 años de vida, correspondió la presentación del jugador más importante del club en toda su historia –el único que ha vestido aquellas tres camisetas- y que jugó por la enseña local durante once temporadas, el eterno Jaime Vildósola, quien hizo una reseña de sus inicios como jugador de Antofagasta, cuando tenía 16 años; luego fue desmadejando recuerdos y vivencias, hasta referirse a su situación actual, al mando de una escuela de fútbol –Impacto- que enseña los secretos del fútbol a 482 niños, la mayoría de ellos en situación de riesgo social, contando con la colaboración de sus hijos Marcelo y Jaime, quienes también fueron jugadores profesionales de Deportes Antofagasta.



Enseguida correspondió la presentación de Franklin Lobos, ex jugador de Antofagasta –en las temporadas 1982 y 1987- y uno de los 33 mineros de Copiapó. Justo en una pausa de la presentación, se lanzó por los altoparlantes una grabación antigua de un vibrante relato de un gol de tiro libre, en la voz del popular locutor Juan Carlos Carabantes, que hizo romper en lágrimas de emoción a Franklin Lobos; éste narró con anécdotas y recuerdos, su paso por la institución albiceleste. Al término de su intervención, recibió un hermoso retrato con dos fotografías, donde aparece integrando esos equipos antofagastinos y que fue entregado por Manuel Donoso, el gerente del CDA.



Para relajar las intensas emociones vividas, le correspondió actuar como cantante a Nelson Flores, el primer arquero de Antofagasta Portuario, que interpretó una balada romántica de Marco Antonio Solís y después la canción “Centinela del Recuerdo”, un tema que habla de las calles y barrios de la ciudad y de su amor por la “Perla del Norte”, recibiendo espontáneos y prolongados aplausos.


Quizás el momento más emotivo, fue cuando Nelson Flores, se refirió al himno del CDA, esa canción que cientos de veces escuchamos en el Estadio Regional y en los programas deportivos y que hemos cantado igual en muchísimas ocasiones, pero desconociendo al intérprete, que es el músico antofagastino Mario Barraza. Lo invitó al escenario y junto al público entonamos el vibrante himno de nuestro club. Parecía que el recinto se venía abajo de tanta euforia, la emoción cundió a raudales y las lágrimas inundaron los rostros de muchos antofagastinos que amamos a ultranza esta candente tierra.


Luego, vino la intervención de Ricardo Araya Maldonado –más conocido como “el Hincha más Hincha del CDA”-, el gestor de la iniciativa, que tuvo por fruto un libro de 252 páginas, más de 300 imágenes y abundantes datos estadísticos, referidos al club de sus amores y después de un atronador recibimiento, hizo una síntesis del libro; aportó datos “pumas” desconocidos para el público e instó a amar y defender lo nuestro, lo auténticamente antofagastino y reiteró su compromiso de seguir aportando en rescatar las raíces y desarrollo de la institución, cuyos colores lleva tatuado en su piel y en su sangre, recibiendo prolongados aplausos por su indudable aporte al club y a la ciudad.


Allí mostró sus cuatro libros: “Nadie sabe más que yo” (del AP-CRA-CDA); “Y ya lo ve, son los pumas del AP. Campeones 1968”; “Rugidos de Pumas y otras bestias” y “Pumas en el Estadio”. De inmediato entregó oficialmente el libro a la comunidad, a través de un representante de la alcaldesa Marcela Hernando; al Seremi de Cultura y al gerente de Deportes Antofagasta, Manuel Dosono.


Enseguida, el locutor anunció la creación de la cuenta en Facebook llamada “Pumas en el Estadio”, como una forma de prolongar esa magnífica comunión de ideales, que logró conformar aquella cita del lanzamiento del libro, de tal forma que los antofagastinos de todos los tiempos puedan intercambiar vivencias, imágenes, videos y todo tipo de actividades, relacionadas con el club antofagastino.


Al final, todos los asistentes recibieron gratuitamente y en completo orden, un ejemplar del libro “Pumas en el Estadio”, para luego congregarse en torno a un fino y delicioso cóctel, ofrecido por la empresa minera Barrick, a la cual se agradeció públicamente antes de terminar la ceremonia, con los sones del himno del CDA, como música de fondo.


Una velada magnífica, emotiva y muy significativa para quienes amamos con fervor a Deportes Antofagasta y a nuestra hermosa ciudad natal.

lunes, 17 de enero de 2011

LANZAMIENTO DEL LIBRO "PUMAS EN EL ESTADIO" Por Ricardo Araya Maldonado








Una cordial invitación para llenarse de nostalgia y reencontrarse con antofagastinos de todos los tiempos, en el lanzamiento de mi cuarto libro dedicado a Club Deportes Antofagasta.



Reenvíalo a tus amistades; allí puede existir otro fanático como yo, por los colores pumas.


Ricardo Araya Maldonado
Periodista
Hincha más Hincha del CDA

lunes, 20 de diciembre de 2010

Adiós flaquito Ibarra

Adiós flaquito Ibarra





Y eso fue todo flaquito Ibarra. Llegó la hora de tu despedida. Te vas con más pena que gloria; pero no te vas por el resultado adverso del último partido, que a la postre no es más que una simple anécdota e historia repetida para un mismo final, con goles agónicos. Te vas porque una y otra vez, desnudaste tus carencias futbolísticas, esa falta de conocimientos tan básicos, de cómo instruir a un equipo y pararlo correctamente en la cancha y, a falta de estos atributos, tampoco supiste motivar a un grupo de jugadores endebles sicológicamente, que se derrumbaba en cada gol que le convertían y de asombrosa fragilidad física dentro de la cancha.


Acuérdate flaquito, cuántos puntos perdiste sobre la hora, por no saber trabajar un resultado y más encima, jugando de local. Y te hablaría en chino, si te cuento de cómo hay que plantarse al filo del reglamento, con el mismo objetivo de sumar puntos. No pasaste de formar un equipo inocentón e ingenuo y así no se llega a ninguna parte.


Recuerda flaquito, esas lindas chambonadas que te mandaste, cuando sacabas un delantero y ponías un lateral, para dar vuelta un resultado. Y ni hablar, cuando sustituías, sin ton ni son, a otro que hacía un partido decente. O insististe en “chiquilines sin historia”, que se pasmaron hace rato, quedándose en segundo plano.


Flaquito, te cuento que hasta un niño de ocho años, sabe que con este tipo de jugadores nunca pasará nada, ya que parecen jinetes y parten en desventaja y despreciados por el rival. Ellos sólo juegan a “no embarrarla”, muy inseguros de sí y con eso, es absolutamente imposible que se consigan loros.


No te olvides de todas los minutos que permaneciste atornillado en la banca, sin dar instrucciones y tampoco incentivabas a tus jugadores, desde el borde de la cancha. Igual tus ayudantes, tan indiferentes y sin sangre caliente en las venas.


En este desastre final, no culpes a la mala suerte; al contrario gozaste de una fortuna privilegiada, porque muchos goles surgieron de la nada –igual que en el desempeño del “pomada” Percic-, cuando reinaba la confusión y en medio del desorden no se visualizaba por dónde podrían llegar los festejos.


Tampoco demostraste don de mando, cuando en un trascendente lanzamiento penal, dejaste que lo ejecutara un jugador con cero prestigio en ese tipo de jugada.


Nunca olvides, que si armas un equipo de enanitos “no pasará nada”; observa a los equipos que han logrado cosas importantes y verás que abundan los jugadores altos y de estatura normal.


Mira, a cuántos jugadores diste el visto bueno para la contratación y se constituyeron en turistas, principalmente llegados desde Argentina.


Flaquito, tienes que marcharte con dignidad y no andar “poniéndote a la lata” para ver si te renuevan el contrato. No, porque lo tuyo es demasiado conocido, predecible y sin futuro. Y, principalmente, demasiado evidente, como para analizar la monstruosa y errónea posibilidad de seguir dirigiendo al equipo puma.


Cada domingo, la hinchada llegaba temerosa al estadio, con la incertidumbre de no saber si iba a ganar y tampoco si jugaría bien, más allá de un plantel bien poquita cosa, pero que hubiese obtenido logros mayores, si hubiese trabajado arduamente los mil detalles que suceden en cada partido de fútbol y de los cuales se podría haber sacado provecho.


Acuérdate, de todos esos tiros de esquina desperdiciados en jugadas tontas, cortitas, mal ejecutadas, que originaban un descalabro en contra.

Flaquito, todos esos halagos que te dispensan ciertos “alaracos del micrófono”, son falsos; lo realizan simplemente por cuidar su trabajo y no quedarse sin entrevistas. Fíjate más en la opinión del hincha común y corriente, ese de la galería y comprobarás que en absoluto quedaron conforme con tu trabajo, porque tú “no sabes ver bien el fútbol” y a partir de allí se gesta todo tu fracaso.


Y por supuesto, debe interesarte la opinión de los que saben de este cuento, que observaron tu accionar minuciosamente y comprobarás que tu evaluación es muy deficiente.


¿De dónde sacaste ese beibi fútbol pichanguero al borde del área? Cien por ciento anunciado, improductivo, ocioso, estéril. Sin rapidez, sorpresa, ni viveza, todo es nulo y cada partido se arrastraba, a merced del rival, cuando un pachanguero perdía el balón de tanto toquecito.


Por último flaquito, te voy a contar que junto con tu partida, sólo deben quedar en el plantel tres jugadores. El portero Carrizo; Richard Olivares y “pastelito” Méndez. El resto, no es apto para conformar un equipo de primera.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

CDA 2 - S.MORNING 1

Un triunfo que apareció de la nada



Ricardo Araya Maldonado
El Hincha más Hincha del CDA


Fue un triunfo conseguido exclusivamente por esas sorpresivas e inexplicables “cosas del fútbol”, porque después del empate visitante, el equipo local se vino abajo anímicamente y sus arrestos de fútbol desaparecieron por completo, quedando a merced de los delanteros autobuseros. Y si no estiraron las cifras, se debió simplemente a la suerte y a la impericia de los santiaguinos para definir el cotejo.


Santiago Morning, se farreó el partido. Inmediatamente, después del empate, tuvo seis oportunidades clarísimas de gol; desperdiciadas por balones que rebotaban en los fierros del arco; tiros apenas desviados; tole-toles donde pasaba de todo; despejes angustiosos y alguna atajada fortuita del meta Carrizo, con una defensa zarandeada hasta más no poder, que dejaba amplios espacios y no atinaba a nada y tampoco reaccionaba, totalmente descompuesta, pese a los intentos del público por levantarla.


En cada avance visitante, se derrumbaba la frágil estantería puma, con el paraguayo Portillo irreconocible, después de la chambonada que se mandó y costó el empate (un rechazo débil en su área, le entregó el balón al delantero); ni hablar de Oyarzún, que perdió la marca, no reducía espacios y sólo observaba como los delanteros amarillos entraban una y otra vez por su franja.


Era cosa de esperar, porque el tanto de la desigualdad, vendría de todas maneras, sin hacer nada extraordinario; sólo había que enviar un centro a la boca del área, o un pase al vacío y quedaba la crema, con el arquero Carrizo esperando el fusilamiento. El empate ya era demasiado premio para el equipo albiceleste.


El público también lo entendió así y agotó sus fuerzas en el vano intento por “resucitar un muerto”, porque tampoco podía pedir más a un cuadro, que mostró las mismas carencias de siempre y, por lo mismo, con lo que le cuesta convertir goles, el panorama se visualizaba sombrío, ya que los antofagastinos se arrimaban a la valla visitante con los típicos toquecitos de beibi fútbol, sin ton, ni son, en el borde del área.


Hasta que llegó ese tiro de esquina, en que los que saben de fútbol, le pedían a los jugadores que lo enviaran “a la olla” y desobedecieran las instrucciones del flaco Ibarra, de jugarla cortito y que siempre terminaba en una jugadita improductiva, grotesca y que, por el contrario, generaba peligro en el otro arco, desperdiciando una oportunidad de gol, que por si mismo lo constituye un lanzamiento de esquina, aunque el CDA tenga puros enanitos.


Defensa mal ubicada, golpe de cabeza limpio, arriba y esquinado de “tronquito” Escudero y se produce el milagro, cuando restaban cuatro minutos para el término del partido y la explosión de júbilo invade el estadio, poniendo fin al sufrimiento.


Un triunfo increíble, gestado de la nada –la misma fortuna de otros partidos jugados de local-, pero ahora con el agregado, que la defensa local hizo agua vergonzosamente, con jugadores desdibujados, irreconocibles, perdidos en la posición y la marca; situación muy insólita, por decir lo menos, tratándose de jugadores profesionales que, aunque no son ningunas lumbreras, sí tienen largos años de circo, en el fútbol profesional.


Más allá de la desbordante alegría –en la despedida del año, jugando en el Estadio Regional-, la primera opción la tienen los santiaguinos que jugarán de local, conociendo el resultado que necesitan, pero por otro lado es un partido con ingredientes extras, donde podrían suceder las “cosas del fútbol”, similares a lo vivido en la cancha antofagastina.

CDA 1 - U. TEMUCO 2

El Flaco Ibarra, comienza a despedirse



Ricardo Araya Maldonado
El Hincha más Hincha del CDA






Perder en el minuto 90, después de ir ganando 1-0 hasta el minuto 87 y con un hombre de más, resulta absurdo e increíble, en un partido en que se disputaba prácticamente el ascenso al fútbol de honor.


Dentro de la ira mezclada con tristeza, es muy fácil encontrar la causa, que se debió –fundamentalmente- a la falta de oficio de este cuadro puma, pese a que contaba con varios hombres fogueados en los pastos del ascenso, pero también con varios “chiquilines sin historia”, que ya demostraron que no serán nada en el concierto nacional y un DT poco idóneo.


Para los tontitos que aún creen en la mala fortuna, les voy a explicar que la falta de oficio, consiste en no saber manejar las acciones de un partido; de no saber que es lo más conveniente para el equipo, cambiando sobre la marcha cualquier planteamiento táctico; de no saber como manejar el reloj; de no saber cómo trabajar al árbitro; de no tener un caudillo; de no tener tampoco, un jugador que le pegue “a todo lo que se mueve” (todos los grandes equipos lo tienen); de carecer de un entrenador cazurro y vivo. Y de ignorar mil detalles, en cada partido, que revelan falta de trabajo específico, concerniente a lo que “podría pasar”, en tal o cual partido.


Y por último, un arraigado desconocimiento de la historia del fútbol, porque nadie le ha contado al flaco Ibarra y a sus jugadores, que los equipos argentinos Estudiantes de La Plata e Independiente, fueron campeones de la Copa Libertadores (incluso campeones mundiales), con jugadores entre discretos y mediocres, pero que ninguno permitía que lo “miraran feo” o “le metieran el dedo en la boca”, dentro de una cancha de fútbol.


De estar a punto de ascender, al término de los 90 minutos, la triste realidad ahora indica, que sólo sirve la victoria en el partido final para acceder al último cupo de la liguilla de promoción, con poca opción ya que históricamente los clubes de primera, superan a los de potreros.


Duele, aún sabiendo que este equipo puma “nunca fue confiable”, con la certeza que la estantería podría ser derrumbada en cualquier instante; jamás apabulló al rival, siempre ganó de fortuna o ajustadamente implorando la hora y en cada partido dejaba la impresión que “algo –o mucho- le faltaba”, inclusive en los mejores momentos cuando marchaba de puntero.


Esta vez, en plena declinación futbolística y opaco desempeño de muchos de sus jugadores, que se arrastra por largas fechas, el partido contra Temuco nunca le resultó favorable en el predominio de las acciones y el cuadro sureño siempre estuvo más cerca de abrir el marcador. Sin embargo, por esas “cosas del fútbol”, los albicelestes se pusieron en ventaja con un gol del delantero Castillo, en el primer cuarto de hora del segundo tiempo.


Y fue este mismo jugador –convertido en un Angel Bustos cualquiera- que se farreó el ascenso a primera división, cuando le quiso pegar de “tres dedos” y desvió solo frente al arco; podía haber hecho mil jugadas distintas y todas se convertirían en gol, ya que estaba con todo el arco a su disposición.


Creo que, cualquiera que sea el desenlace final del CDA –con o sin liguilla- el flaco Ibarra debe ir despidiéndose del club. Ya cumplió su ciclo, sin mayor brillo, dejando a tras una secuela de errores –cualquier DT comete errores, dirán sus defensores- pero los suyos fueron a causa de ignorancia futbolística, lo cual es imperdonable para un hombre de la banca; aparte que no sabe cómo se defiende un resultado en partidos “calientes”, que por lo mismo es imposible perderlos. Y menos, cuando los árbitros ya están en los camarines.


Otra derrota o empate sobre la hora; cuento viejo y repetido: jugadores inocentones, “quedaos”, sin chispa, torpes. En palabras simples, no son “cancheros”, incluyendo al flaco Ibarra.


Cada vez que pone al chiquilín Ronald González, queda la crema, ya que hace rato es de aporte nulo. Ni hablar de Escudero, que ya se visualizó como un “tronco” consumado. “Pastelito” Méndez, ni la sombra de ese jugador de las primeras fechas y Pino, improductivo total, tanto que no siquiera se puso pichanguero. Los demás muy “regulares”, en dosis pequeñas.


Duele esta debacle casi consumada en “la puerta del horno”; claro que se veía venir hace largas fechas, cuya evidencia fue opacada por las ansias de un fanatismo a ultranza, -e igualmente denunciada- con un plantel tan poquita cosa en lo futbolístico; pero también “sin fondo” para manejar un resultado, sabiendo que contaba con una delantera pobrísima en productividad, por lo cual ante cualquier triunfo parcial se requería cuidarlo como “hueso santo” sin importar que se constituya en un equipo desagradable a la vista, pero experto en cosechar puntos.

Una fecha más y se acaba el sufrimiento. Una fecha más y ya no tendremos que soportar más a este flaquito Ibarra.

lunes, 22 de noviembre de 2010

¿Quién dijo que los milagros no existían?

¿Quién dijo que los milagros no existían?


Ricardo Araya Maldonado
El Hincha más Hincha del CDA






Fue un triunfo angustioso, difícil, pidiendo aguita y casi milagroso, el 2-1 ante Concepción, porque Antofagasta demostró las mismas falencias de siempre, “parejito” en todas sus líneas: haciendo agua en la defensa; un mediocampo convertido en un pasadizo y una delantera feble e improductiva. Es decir, nada nuevo bajo el sol, con la salvedad que asistieron tan sólo cinco mil espectadores, ya que los “yetas”, prefirieron irse para playa, debido al intenso calor de la tarde veraniega.


Por eso, a nadie extrañó la apertura de la cuenta de la visita, que jugaba mejor y después de cinco sucesivos tiros de esquina y otras tantas salvadas milagrosas del meta Carrizo, cuando los huasitos sureños entraban “como Pedro por su casa” y cabeceaban limpiecito.


La historia se repetía, mientras los aficionados se preguntaban por dónde podría venir el empate, si este equipo carecía de gol y más que eso, eternamente mezquino en prodigarse ocasiones para vulnerar la valla visitante, ante la carencia de delanteros de real valía.



 Afortunadamente, la paridad llegó casi al terminar la primera fracción, producto de las típicas refriegas dentro del área, cuando el primer tiro de esquina albiceleste iba por los aires. Esta vez, el árbitro cobró el “cogoteo” a Oyarzún y Richard Olivares, decretó la paridad con un tiro potente, al lado opuesto del arquero De Agostini, rompiendo la larguísima mala racha, pero también dejando una sensación de incertidumbre, pensando en cómo revertir esta prolongada “cuesta abajo en la rodada”, debido a la precariedad de su plantel exento de figuras y además, con la falta de vivacidad y no saber manejar situaciones, más allá de jugar bien o mal al fútbol, pero que también sirve para conseguir resultados.



Al reanudarse las acciones el CDA siguió en lo suyo, con pocas ocasiones de gol y un mediocampo sin quite, desubicado y errático. El partido estaba para cualquiera, hasta que un contragolpe local pilló desubicada a la defensa lila y por la derecha, con velocidad y mucho espacio, Osman Huerta, metió un centro retrasado que “cacheteó”, Castillo, desatando la explosión del Estadio, al reencontrarse con una victoria parcial tan anhelada, después de largas cinco fechas de local; además por la hermosura de la conquista, en una jugada llena de fútbol. Fue un atronador desahogo, al romper quizás que maleficio perseguía al equipo puma.


Los antofagastinos pudieron estirar las cifras, no sólo porque el equipo sureño estaba regalado en ataque, sino que también porque había quedado con 10 jugadores, al ganarse doble tarjeta amarilla el jugador Manuel Ormazábal.


Así y todo, el empate rondaba el área de Carrizo, que se constituyó en escollo insalvable para las pretensiones de los hombres de la octava región, incluyendo una buena dosis de fortuna.



 Por suerte, quizás quién o qué, iluminó la mente del confundido entrenador Hernán Ibarra, para hacer ingresar a otro defensor –Bascuñán- en reemplazo del chiquilín Escudero, que le falta un millón de kilómetros por recorrer para convertirse en figura. Lento, -lentísimo-, casi rudimentario por su físico pesado y lo peor ignorando conocimientos básicos de un defensor, como por ejemplo, que no puede regresar a su área, corriendo de frente a su arco, sin ver lo que hace el delantero rival.



Entretanto, la cancha seguía cargada para la valla de Carrizo, con la cooperación de los árbitros santiaguinos, sumamente dadivosos en cobrar tiros libres, sin importar la distancia, porque todos iban al área chica al borbollón de hombres, jugada que por su naturaleza, constituye real peligro de gol, donde emergió la figura de Portillo, que es donde realmente luce, cuando se trata de sacar balones desesperados, en centros “a la olla”; como buen paraguayo, estaba en su salsa.


En el contragolpe, los locales seguían sin poder liquidar el partido, por esa falla endémica de falta de finiquito y la inocencia consumada de sus players; latamente comentado, ya que jamás aflora el “instinto asesino”, cuando el rival yace a la deriva. El chiquilín Huerta, se ganó la expulsión tontamente. Cometió una infracción y en un entrevero con el defensor, éste le lanzó una patadita. Allí debió magnificar la acción y lanzarse al piso denunciando la agresión; en vez de eso, quiso el desquite y tiró la pelota un metro más allá. La candidez en todo su esplendor de este “chiquilín sin historia”, que no logra convencer a los que saben de fútbol.




Y cuando Antofagasta estaba “con el agua al cuello”, nadie se quedaba en el piso, nadie lanzaba el balón a las tribunas; nadie le ordenaba a los pasadores de pelotas que se fueran para la casa; nadie enfriaba el partido y menos el flaquito Ibarra, que aún le quedaba un cambio por realizar y valiosos segundos por ganar.



Tres puntos de oro, pero también de milagro, porque entre tantos centros y la correspondiente “tole-tole”, bien podría haber caído el empate penquista, pero allí surgió la importante faena del portero Carrizo, el mejor jugador del campo de juego.


Con los resultados de la fecha, Iquique es campeón (lo malo es que se dedicará a “echar el pelo”, en los dos últimos encuentros y más que seguro que los perderá). Antofagasta quedó segundo y depende de si mismo para lograr el otro cupo de ascenso directo.


Nada se puede vaticinar con este cuadro puma tan irregular y tan limitado en todos los sectores; pero como la tabla de posiciones está muy estrecha, serán verdaderas finales. Entonces, puede pasar cualquier cosa, tanto dentro como fuera de la cancha, incluyendo “al hombre del maletín”.


Mayor temor, si por los pasillos del fútbol siempre ronda un “matador”, que fue grande, que tiene aún influencias y que a muchos dirigentes santiaguinos, les agradaría profundamente que subiera al fútbol de honor.


Y contra eso, es imposible luchar.